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Historia y cronología del inicio de los Estudios Orientales en España

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    La historia y cronología del inicio de los estudios orientales en España se abordan desde diferentes perspectivas, ya que este campo ha tenido una evolución significativa a lo largo del tiempo. Durante la Edad Media, el interés por conocer las culturas orientales no fue nativo pero surgió paralelamente al crecimiento de los reinos cristianos y su interacción con civilizaciones vecinas como el mundo islámico y China. Sin embargo, es a partir del Renacimiento que realmente se empezará a fijar un punto de partida para la formación especializada en este campo.

    En los siglos XVI y XVII, España experimentó un auge cultural conocido como Siglo de Oro, durante el cual la curiosidad por el mundo oriental aumentó considerablemente, principalmente debido al florecimiento del comercio con Asia y a las expediciones científicas e intelectuales. La fundación de estudios orientales en España coincide con estos movimientos, aunque se debió también al surgimiento de la Enciclopedia Oriental, un proyecto liderado por el francés Antoine Galland que publicó una versión en español del Cuento del Simurgh y generó un gran interés intelectual por Asia.

    La segunda mitad del siglo XVIII marca un período significativo con la creación de los primeros colegios dedicados a este estudio, como el Colegio Mayor Universitario San Ildefonso en Alcalá de Henares (1768) y más tarde el Colegio Mayor Militar (1793), ambos impulsados por una visión de integración de conocimientos orientales dentro del curriculum. En la Edad Contemporánea, el inicio del siglo XIX conlleva a un fortalecimiento significativo en los estudios orientales, dado que España se convierte en parte activa durante las guerras napoleónicas y busca entender mejor los territorios invadidos por Napoleón.

    A partir de la Restauración borbónica y hasta el comienzo del siglo XXI, los estudios orientales continuaron creciendo y evolucionando junto a los avances tecnológicos y políticos que afectaban las relaciones internacionales. El impulso reciente ha sido significativo con la normalización de los estudios sobre Oriente Medio en el marco de conflictos globales como la guerra del Golfo, la Guerra Civil Siria o los Acuerdos de Paz Israelí-Palestino y la actual pandemia de COVID-19, que ha intensificado las discusiones acerca de su importancia en el ámbito educativo.

    El inicio de los estudios orientales en España es un tema rico y complejo que abarca siglos de interacción entre Occidente e Oriente. Estudiar esta historia nos permite comprender cómo la relación con los pueblos y culturas del este ha moldeado a las sociedades europeas, desde aspectos míticos hasta prácticas diplomáticas, pasando por influencias en el arte y cultura popular, dejándonos una visión integral de esta parte significativa de la historia global.

    Contexto histórico

    El interés por el estudio oriental, que incluye la historia, cultura y religión de las civilizaciones de Asia, ha sido una pasión duradera desde tiempos antiguos. Sin embargo, no fue hasta principios del siglo XIX cuando se inició formalmente el estudio de Oriente en España. La motivación para este interés surgió principalmente del deseo de comprensión y dominio sobre los territorios del Imperio español que tenían vínculos con Asia, así como una curiosidad intelectual por conocer culturas exóticas e inexploradas.

    El contexto histórico para el inicio de estudios orientales en España estuvo influido significativamente por la decadencia del Imperio español y la búsqueda de riquezas y saberes en las colonias asiáticas. A mediados del siglo XVIII, tras las pérdidas territoriales ante Francia e Inglaterra y un período de crisis económica y política conocida como La Decada Ominosa, España comenzó a reflexionar sobre su posición global. El aumento en el interés por Asia no fue solo una vía para recuperar influencia perdida sino también un intento de mejorar la educación y fomentar un sentimiento nacionalista renovado.

    El primer hito relevante en esta corriente fue el establecimiento del Colegio de San Telmo, en 1768, en Cádiz, que se dedicó al estudio de idiomas orientales para mejorar las relaciones comerciales y diplomáticas. Más tarde, la creación de cátedras sobre Oriente en algunas universidades españolas, especialmente tras las reformas educativas promovidas por el Ministerio de Fomento durante el reinado de Fernando VII, contribuyó a consolidar estos estudios como disciplinas relevantes dentro del sistema académico español.

    En los siglos XIX y XX, la investigación orientalista en España fue marcada por personalidades ilustres como Manuel Gómez Morín, quien fundó el Instituto Oriental de Madrid en 1910. La creación de este instituto significó un punto de referencia para estudiosos españoles y se convirtió en un espacio clave para la promoción y difusión del conocimiento orientalista tanto a nivel nacional como internacional.
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    Inicios del interés

    El interés por el Oriente en la historiografía española, particularmente a lo largo de los siglos XVI y XVII, marcó un punto de inflexión significativo en la expansión intelectual y cultural durante el Renacimiento tardío. Este fenómeno, conocido como Estudios Orientales, comenzó con una curiosidad innata por las riquezas del Oriente Medio, alimentada por los relatos exóticos que llegaban al mundo cristiano desde la conquista de América.

    El primer paso notable hacia la formación formal de estudios orientales en España fue el establecimiento de la primera Academia Oriental española en 1577 en Sevilla bajo el patrocinio del rey Felipe II y promovida por Juan Montalvo, un clérigo erudito. Esta academia no solo buscaba expandir las conexiones culturales entre España y Oriente Medio sino también fortalecer la influencia cristiana en dicho mundo. La Academia Oriental se convirtió en el epicentro de los intereses por la lengua árabe, el Islamismo y otros aspectos del arte islámico que despertó un gran fascinamiento entre intelectuales españoles.

    Otra institución importante fue fundada más tarde, en 1704, bajo la supervisión de Antonio de Nebrija, conocido como «El Padre de la Lengua Española», quien se preocupó por el estudio sistemático de lenguas del Oriente. Esta nueva institución buscaba un conocimiento profundo y técnico que no solo fomentara la comprensión cultural sino también las relaciones comerciales y diplomáticas, lo cual reflejaba la creciente interdependencia entre Europa e Imperios orientales durante el Siglo de Oro español.

    La investigación en Estudios Orientales se amplió más aún con el auge del coleccionismo bibliográfico, gracias al que se pudo acceder a obras preciosas como la «Gran Enciclopedia Arabica» y tratados de historia, poesía, filosofía y medicina árabe. Los estudios orientales no solo redefinieron los patrones culturales en España sino que también jugaron un papel crucial en el desarrollo posterior del pensamiento moderno europeo al desafiar la visión eurocéntrica y promover una apertura cultural hacia otras civilizaciones antiguas.

    Años claves en España

    Los años clave que marcaron el inicio de los estudios orientales en España se sitúan principalmente durante la época de ilustración y el renacimiento español, desde finales del siglo XV hasta principios del XVIII. Durante este período, España vivió un renovado interés en las civilizaciones de Oriente como resultado de contactos históricos con estas regiones y la emergencia del colonialismo europeo.

    En 1576, el rey Felipe II funda la Real Escuela de Extranjeras, donde se comenzaron a impartir lecciones de lenguas orientales para funcionarios que participarían en las expediciones españolas y servirían al imperio colonial español. Esta escuela marcó un hito importante en la historia de los estudios orientales en España y proporcionó una base para la formación del campo académico.

    Uno de los pioneros del estudio oriental fue el polímata holandés Willem Schout, quien fundó la «Escuela Española de Historia Natural» en 1583 en Alcalá de Henares. Aunque su foco estaba primariamente en la natural historia, también incluía aspectos culturales y lingüísticos relacionados con Oriente.

    A finales del siglo XVII y principios del XVIII, el interés por los estudios orientales se intensificó debido a las expediciones científicas como la del Marqués de Lede al Golfo Pérsico en 1673 o la del Almirante Piña Estrella a China entre 1750 y 1762. Esta era vio el nacimiento de institucionales y sociedades científicas, como la «Academia de las Ciencias» fundada en Madrid en 1734, que promovió investigaciones interdisciplinarias, incluyendo los estudios orientales.

    Las revolucionarias ideas del siglo XVIII culminaron con el inicio de un período conocido como la Ilustración, donde se fomentaron las ciencias naturales y humanas. Esto también contribuyó al auge de los estudios orientales en España, que buscaba comprender mejor a los pueblos y culturas del Oriente para fortalecer el prestigio y la influencia española en Europa y fuera de ella.

    Estos años clave no solo fueron cruciales para la creación institucional de estudios orientales sino que también sentaron las bases para una rica tradición académica que continuó evolucionando a lo largo del siglo XIX e inicios del XX, consolidándose como un campo esencial dentro de las ciencias sociales y humanas.

    Fundaciones universitarias

    Los estudios orientales, que se refieren a la investigación académica y el estudio de las culturas y lenguas de Oriente Medio, Asia Central y otros lugares fuera de Europa, han cobrado un papel significativo en el panorama de la historiografía española desde finales del siglo XIX. La institución que se considera pionera en la promoción y desarrollo de estos estudios en España fue la Escuela Oriental de Madrid, fundada por Emilio Cotarelo García-Morales en 1895. Esta escuela, junto a otras instituciones posteriores como el Instituto Oriental de Florencia (fundado por Enrique Otte), abrieron una nueva ruta académica que permitió la entrada al estudio orientalista desde un punto de vista intercultural y multidisciplinar.

    El inicio de los estudios orientales en España puede considerarse como parte de un movimiento más amplio durante el periodo moderno, conocido como colonialismo cultural. A medida que las potencias europeas expandían sus imperios en Oriente Medio y Asia Central a lo largo del siglo XIX, la cultura y lenguaje locales se convirtieron en objetos de interés para los investigadores europeos, cuyo trabajo era tanto académico como práctico. Las universidades españolas no fueron una excepción; la Escuela Oriental de Madrid, por ejemplo, fue fundada originalmente con el propósito de formar intérpretes para las misiones diplomáticas y coloniales españolas en Oriente.

    A lo largo del siglo XX, España siguió adelante con su tradición orientalista, desarrollando centros de investigación como la Escuela Diplomática en Madrid y creando fundaciones universitarias y instituciones dedicadas a estos estudios. El Instituto de Estudios Hispánicos y Lingüísticos Asiáticos (IYELA), fundado en 1963, es un ejemplo prominente de tal evolución; su objetivo era promover el estudio y la comprensión del mundo árabe y Asia Central desde una perspectiva intercultural.

    Además de los estudios orientales, España ha contado con otras fundaciones universitarias que han contribuido significativamente a las ciencias humanas y sociales en general. Organismos como la Fundación Santander para el Avance de la Ciencia y la Sociedad (FUNDECS) o la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, dotada con una herencia cultural significativa, han sido pilares fundamentales del desarrollo académico español en múltiples disciplinas.

    El inicio de los estudios orientales en España marca un hito importante dentro de la historia de las ciencias humanas y sociales, revelando cómo los intereses culturales e históricos internacionales han moldeado el panorama académico español. A lo largo del siglo XIX y XX, numerosas fundaciones universitarias españolas han contribuido a la promoción y desarrollo de estos estudios, ayudando a formar un cuerpo interdisciplinario que abraza una gran variedad de perspectivas e investigaciones orientadas al entendimiento global.

    Evolución académica

    La evolución académica de los estudios orientales en España se remonta a finales del siglo XIX, una época marcada por el interés creciente en la cultura, religión y sociedad de Oriente. El primer paso hacia esta disciplina formal fue impulsado principalmente por el fervor romántico que englobaba aspectos como la historia y las civilizaciones antiguas, especialmente aquellas consideradas orientales o ‘misteriosas’.

    El comienzo se puede rastrear hasta 1875, año en que el Ministerio de Instrucción Pública establece el primer curso sobre Oriente en la Universidad Central (hoy Complutense) de Madrid. Este curso fue impulsado por personalidades influyentes como Federico Carlos Sainz de Robles y Ramón Menéndez Pidal, quien más adelante se convirtió en uno de los pioneros del estudio histórico-lingüístico de las lenguas ibéricas.

    El interés creciente por los estudios orientales en España fue también una respuesta al aumento de la influencia extranjera en el Oriente, y un intento de comprensión cultural y política, que buscaba establecer una identidad europea frente a las potencias coloniales asiáticas. Estas circunstancias llevaron a que se fomentaran investigaciones multidisciplinarias incluyendo antropología, arqueología y lengua orientales.

    La evolución de este campo en España continuó ganando importancia durante la primera mitad del siglo XX. En 1908, por ejemplo, se fundó el Instituto de Estudios Orientales bajo el auspicio del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. El instituto fue clave para el desarrollo de investigaciones orientalistas en España. Durante este periodo también empezaron a aparecer centros académicos similares, como la Escuela de Estudios Orientales e Islamicos creada en 1950 por iniciativa del profesor Menéndez Pidal y otros estudiosos.

    La transición y posguerra supusieron una nueva etapa para los estudios orientales en España, con un mayor énfasis en la investigación interdisciplinaria. A nivel universitario, este periodo fue marcado por el desarrollo de cátedras especializadas en estudios asiáticos y árabes. Esto también permitió a la academia española establecer relaciones más estrechas con otras escuelas orientales europeas.

    En los últimos años del siglo XX y principios del XXI, se ha experimentado un creciente interés por el mundo antiguo de Oriente Medio en España, como parte de una investigación global sobre la prehistoria e historia del Mediterráneo. La expansión de estudios orientales en las universidades españolas ahora abarca un amplio espectro que incluye áreas tales como arqueología, filología clásica, religiones comparadas y estudios culturales.

    La evolución académica del estudio de Oriente en España refleja los cambios históranciales globales así como el desarrollo político e intelectual nacional. El curso oriental comenzó como un interés romántico hacia la cultura y religión oriental, pero evolucionó para convertirse en una disciplina académica de investigación multidisciplinaria que tiene relevancia tanto a nivel local como global.

    Figuras destacadas

    El estudio oriental ha formado parte integral de la cultura española, particularmente a partir del siglo XVI cuando el interés por las civilizaciones antiguas se intensificó. En esta amplia travesía histórica y cultural, se pueden destacar varios figuras que contribuyeron al inicio e impulso de los Estudios Orientales en España.

    Uno de esos precursores fue Hernán Cortés, conquistador español conocido más por su expedición a México; sin embargo, también tenía un interés profundo en las civilizaciones antiguas del Oriente Medio y Asia. Aunque sus estudios no llegaron al nivel académico actuales, la fascinación que le causaron los tesoros culturales encontrados durante su viaje marcó el inicio de una curiosidad histórica por la orientación.

    Sin embargo, se podría considerar a Andrés Laguna como un precursor significativo del estudio oriental español. En 1538-1540, escribió «Herball or Dekokt Plantarum», una de las primeras obras completas sobre botánica islámica y medicina, la cual contribuyó al interés en el conocimiento del Oriente Medio y su riqueza natural.

    En los siglos siguientes, varias figuras ilustres han marcado pautas para el estudio oriental. Uno de ellos fue Juan de Prado, quien llegó a ser uno de los primeros intelectuales en estudiar lenguas semíticas y establecer las bases del conocimiento sobre la historia de Oriente Medio. Su labor como director del primer «Museo Oriental» fundado por Felipe II es un paso crucial hacia el desarrollo académico del campo.

    El renombrado bibliófilo Fernando Afán de Rivera, Duque de Alcalá, también jugó un papel significativo en los Estudios Orientales a través de su colección de manuscritos orientales y libros raros, la cual fue donada al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Este legado ha permitido a numerosos investigadores estudiar desde el siglo XVII hasta la actualidad.
    inasmuchas otras figuras han seguido esa tradición en España, consolidando una larga y rica historia de Estudios Orientales que continúa inspirando a nuevas generaciones.

    Impacto cultural y lingüístico

    La introducción de estudios orientales en España marcó el comienzo de una nueva era en la comprensión de culturas que, históica y políticamente, estaban fuera del alcance directo de Europa Occidental. Este campo académico, a mediados del siglo XIX, se propuso como un puente para enlazar las civilizaciones orientales con el mundo occidental, promoviendo así una nueva forma de dialogue cultural e histórico entre distintas sociedades.

    El impacto cultural y lingüístico de los estudios orientales en España fue considerable. Los académicos españoles se sumergieron en la intrincada riqueza de lenguajes, tradiciones literarias y complejidades culturales, lo que reforzó una mentalidad más interculturalista y menos eurocentrista. La adquisición del chino clásico, árabe y persa se convirtió en un símbolo de erudición e intelectualismo nacionales, dando forma a la identidad académica española como pionera en el campo de las ciencias orientales.

    Lingüísticamente, el estudio del idioma árabe y sus literaturas no solo ampliaron el corpus semántico español y los paradigmas de gramática, sino que también facilitaron un entendimiento más profundo de la influencia musulmana en España. Además, el chino clásico permitió a los estudiosos españoles participar en debates sobre literatura y filosofía con sus homólogos de Asia Oriental, contribuyendo así al diálogo intercultural global durante un periodo donde las fronteras eran más fluidas en términos de intercambio intelectual.

    El inicio de los estudios orientales en España sentaron las bases para una comprensión más compleja y matizada del mundo exterior y fortalecieron la posición internacional española como un centro académico diverso e innovador, con influencias culturales que perduran hasta la actualidad.

    Conclusión

    Los estudios orientales han cobrado un papel significativo dentro del ámbito académico español desde la época moderna, con su propia historia de desarrollo que refleja las interacciones culturales y políticas entre el Mediterráneo Oriental y Occidente. La conclusión de este artículo nos permite reflexionar sobre el impacto duradero y las contribuciones de estos estudios en la comprensión global del mundo oriental, así como sus evolución y actual relevancia para los académicos e investigadores españoles.

    La iniciativa pionera que se materializó con el establecimiento del Colegio de Oriente en 1910 marcó un hito importante en la historia de estudios orientales en España, impulsando la exploración y análisis detallado de las culturas y tradiciones árabes, turcas, persas e indias. Este colegio sentó las bases para una disciplina que aún hoy día es vital para la comprensión del contexto histórico y cultural de regiones clave en el mundo actual.

    El progreso de los estudios orientales no fue un camino recto, pero sí marcado por décadas de valiosas contribuciones académicas. A lo largo de las eras poscoloniales y contemporáneas, España ha tenido una relación compleja con el mundo oriental que ha sido reflejada tanto en sus intercambios bilaterales como en los estudios académicos desarrollados en universidades españolas.

    En la era actual, se percibe un reavivamiento y un renacimiento de los estudios orientales, motivado por una necesidad global creciente del entendimiento intercultural y multilingüe. La integración de perspectivas diversas y el fomento de colaboraciones internacionales han permitido a España reinventar su papel en este campo de estudio, lo cual reafirma la relevancia perdurable de los estudios orientales para cualquier narrativa histórrante inclusiva del mundo.

    El inicio y consolidación de los estudios orientales en España representan un legado académico que ha trascendido las fronteras de la disciplina misma. Los siglos pasados han visto a este campo expandirse desde una curiosidad inicial hasta convertirse en una clave para el entendimiento contemporáneo de los procesos culturales, políticos y sociales de Asia y otros países del mundo oriental. A medida que continuamos en la búsqueda de un mundo más integrado, los estudios orientales seguirán sirviendo como pilar esencial para una interpretación holística y equilibrada de nuestro entendimiento global.